Transformación cultural: el valor de la actitud en las grandes empresas

La inteligencia emocional ha llegado para quedarse. Debemos saber identificar e interpretar sentimientos y las actitudes positivas para intentar ser mejores personas y profesionales. 

Todos tenemos nuestra forma de pensar, inicialmente arraigada a la crianza de nuestros padres y experiencias. Existen pensamientos positivos que pueden modificar nuestra estructura cerebral para poder alcanzar un bienestar a través de la entrenar la capacidad de interpretar y afrontar las situaciones cotidianas. 

El neurocientífico argentino, Estanislao Bachrach,  define a la actitud como “la capacidad de sostener emociones placenteras en el tiempo”. Entonces, acostumbrarse a pensar que somos suficientemente aptos para formar parte de nuestro equipo de trabajo, intentar ser mejor persona y profesional, aprender de los demás, tener tranquilidad en momentos difíciles y afrontar los cambios como desafíos, pueden ser pensamientos que se convierten en hábitos. 

Es necesario interpretar las emociones para poder cambiar, identificar lo que sentimos y los por qués y abandonar pensamientos negativos que nos boicotean. El objetivo debe ser acostumbrarnos a una retroalimentación positiva entre lo que pensamos y hacemos. Si cambiamos la forma de pensar, modificamos las de sentir y finalmente, las de hacer.

Un empleado emocionalmente inteligente puede adaptarse mejor a los cambios, ser más eficiente, cumplir mejor sus responsabilidades y responder a los objetivos de cada entidad. Además, interpretar mejor las emociones para sentirse mejor, útil y seguro, logrando y acostumbrándose a un bienestar diario a pesar de, en ocasiones, no llegar a los resultados esperados. 

“Es necesario escucharse, afrontar las dificultades y tener la capacidad de poder cambiar, esforzarse, aprender de los demás y de los nuevos desafíos”, explica el experto en inteligencia emocional durante el foro “La neurociencia del cambio, la inteligencia emocional y la creatividad. Claves para liderar el cambio». Además, aporta un dato que motiva a seguir creciendo y no a estancarse en las mismas actividades: “El cerebro rejuvenece cuando algo cuesta y si pensamos siempre lo mismo, no vamos a cambiar. El verbo más importante es creer”.

Los humanos somos, por momentos, un conjunto de sensaciones y se debe identificar por qué pensamos lo que pensamos y cómo podríamos hacer para cambiar aquellos sentimientos que nos limitan. «Es normal y está bien sentir miedo, incertidumbre o dudar», asegura el profesional en la conferencia y agrega: «Una persona valiente y con coraje, no es aquella que no siente temor, es la que lo intenta a pesar de conocer las dificultades. 

Este artículo propone entrenar nuestra capacidad y formas de pensar, para erradicar los sentimientos negativos que nos desgastan. Acostumbrarnos a sentirnos bien, para pensar mejor, decidir correctamente e intentar ser mejor persona y profesional.  

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