La falta de recursos económicos, la dificultad para separar la vida personal del trabajo, el miedo al cierre del negocio, las trabas burocráticas… Las razones que disparan el estrés de los pequeños empresarios en España son muchas. En total, el 61,2% de los propietarios de un pequeño negocio sufre estrés. Según los datos de la startup de consultoría y servicios tecnológicos UENI, el 19,59% sufre mucho estrés y el 41,63% estrés moderado.

La revista Forbes en el 2014 publicó que “los empresarios tienen la responsabilidad de sacar adelante sus negocios, es decir, no solo son responsables de sus propias tareas, también las de todos los integrantes de su empresa.
¿Qué es el éstres?
El estrés es un proceso que se pone en marcha en los ámbitos mental, emocional y físico cuando una persona percibe un acontecimiento o situación como amenazante, de manera que sus recursos se sienten desbordados.
La mente es una herramienta excesivamente frágil y a menudo la vida nos lleva a situaciones que exigen de nosotros un sobre esfuerzo que en ocasiones, puede resultar una amenaza para nuestro equilibrio emocional y mental, cuando la mente se tensa en exceso satura.
Seguro que has podido comprobar a lo largo de tu experiencia en la vida, cómo un mismo hecho puede no tener el mismo efecto en todas las personas, esto puede deber a diversos factores, sobre todo, en el bagaje emocional y mental de cada uno.
¿Cuales son los factores que causan el estrés?
Pero… ¿qué factores pueden ser los causantes de la aparición del estrés? Vamos a ver a continuación algunas de las causas más frecuentes encontradas en personas que han sufrido un proceso de estrés o ansiedad en algún momento de sus vidas:
- La forma de evaluar el suceso que se vive, y las capacidades para hacerle frente, mientras alguien por ejemplo, puede considerar una situación como una amenaza, puede que para otro suponga un reto personal y por consecuencia, se sienta motivado y empoderado.
- La manera de hacer frente a las dificultades: negar el problema, aplazarlo, tenerle miedo y por ende evadirlo, no ser capaz de tomar decisiones. Tanto si decides, como si no; estás decidiendo. Por ello todos estos aspectos en ocasiones conllevan distintas consecuencias en la percepción y aparición del estré
Las características personales de cada individuo, marcan la diferencia, cada persona tiene una manera diferente de afrontar ciertas circunstancias que demandan un sobre esfuerzo a nivel mental y emocional.
La tensión, la angustia o el nerviosismo son variables individuales tanto en su percepción como en sus consecuencias.
Uno de los soportes principales que todos hemos experimentado cuando pasamos por situaciones complicadas es el social: el número y calidad de nuestras relaciones personales pueden servirnos como amortiguadores, pero también, pueden resultar un arma de doble filo, ya que si una persona está en un entorno no favorable, éste puede actuar en su contra, como amplificador de los acontecimientos estresantes, así como la habilidad de cada uno de nosotros para pedir ayuda o consejo, en definitiva, para abrir el corazón.
Según algunos expertos, los grandes cambios vitales o improntas emocionales, son los principales desencadenantes del estrés en nuestra vida; sin embargo, otros expertos; aseguran que es en nuestro entorno más cercano donde se encuentran la mayoría de acontecimientos o situaciones que nos provocan tan temido estrés; otros señalan “el día a día”, es decir; los sucesos más frecuentes y cercanos a la persona, como los causantes directos de la alteración de la salud mental y emocional.
¿Se puede detectar el estrés a tiempo y frenarlo?
La respuesta es sí. Siempre y cuando estemos atentos a los indicadores que el cuerpo nos va comunicando antes de que el problema se agrave. El primer paso: escucha a tu cuerpo. Tu cuerpo tiene su propio lenguaje para comunicarse contigo, habitualmente no le hacemos caso hasta que nos grita (en forma de dolor), pero antes nos ha susurrado, nos ha hablado…
Habitar el cuerpo significa saber comunicarte con él, escucharlo y tratarlo como la herramienta maravillosa y vital que es, no estarías vivo sin tu cuerpo, es el vehículo que te permite estar aquí y ahora.
A continuación te mostramos algunos indicadores que te pueden avisar a tiempo de que el fantasma del estrés podría estar llamando a tu puerta:
Algunos indicadores de la presencia de estrés.
Los indicadores del estrés son los que en definitiva nos permiten determinar que éste está apareciendo en nosotros, y pueden ser de varios tipos: neuroendocrinos, fisiológicos y psicológicos.
- Neuroendocrinos: ante estímulos amenazantes de naturaleza emocional, el organismo reacciona a través de diferentes sistemas neuro-endocrinos, de esta manera se prepara para la lucha o la huída de la amenaza. Esta reacción que al inicio puede ser natural y adaptativa, puede tener consecuencias muy negativas para nuestra salud, sobre todo cuando se presenta con frecuencia o simplemente el exceso de energía que supone para el organismo cierta preparación, no son necesarios.
- Fisiológicos: las respuestas fisiológicas son involuntarias.Como el aumento de la tasa cardíaca, de la presión sanguínea o de la actividad respiratoria.
- Psicológicos: Dentro de los indicadores psicológicos asociadas al estrés existen las emocionales, somáticas, cognitivas y comportamentales. Hemos de destacar la importancia de las primeras ya que menudo se relaciona directamente el estrés con las emociones específicas que lo acompañan, como pueden ser: la negatividad, la ansiedad, la ira, el insomnio, etc.
Los indicadores somáticos son percibidos por las personas y expresados como quejas, siendo los más habituales la fatiga, el temblor, trastornos del sueño… y dolores de toda índole. Muchos de estos aspectos no son más que los componentes de la reacción emocional, por ejemplo, en el caso de la ansiedad, se relaciona más con un estado de estrés temporal y en el caso de la depresión con uno crónico.
Una de las consecuencias físicas del estrés es la tensión muscular, ésta no es más que una contracción de los músculos y del tejido conectivo, más allá del tono requerido para su funcionamiento normal. Su origen es en gran parte psicológico y emocional y se da a menudo con carácter crónico. Esto quiere decir que hay personas en que esta tensión no las abandonan nunca, ni siquiera cuando están dormidas. En este sentido, la consecuencia es una pérdida continua de vitalidad.
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