La cultura. Un gran motor turístico

Hay muchas definiciones de cultura, originalmente significaba la cultivación del alma o la mente, pero al pasar del tiempo nos hemos dado cuenta que el quehacer diario y ella creatividad humana son generadores de cultura, que la cultura no solamente se refiere a las Bellas Artes, sino a cuestiones tan cotidianas como la gastronomía, la moda, la elaboración de vinos y destilados, el diseño entre otras actividades que le dan carácter y personalidad a una sociedad.

México siempre se ha distinguido por tener una oferta cultural muy amplia y rica, donde reconocemos esta manera única e irrepetible de expresarnos y comunicarnos, donde la cultura se convierte en un lenguaje universal generador de experiencias, experiencias que millones de personas alrededor del mundo quieren experimentar y que los convierte en potenciales turistas.

Post pandemia el turismo se está reinterpretado, los viajeros valoran más las experiencias que les dejen un evolución intelectual y espiritual, donde se puedan involucrar con la sociedad y la cultura que visitan, donde la interacción con los habitantes forma parte primordial de la experiencia, donde hay una valoración y un reconocimiento al quehacer cotidiano de las comunidades.

Por otra parte, quienes nos dedicamos a crear experiencias turísticas debemos valorar y esforzarnos por incluir en la estadía de los visitantes estas experiencias transformadoras. Deberíamos acogerlos e incorporarlos activamente, permitiéndoles durante el tiempo que pasen con nosotros convertirse en miembros de la comunidad y otorgándoles la oportunidad de aportar al enriquecimiento cultural y social.

Es fundamental reconocer que permitir a los visitantes esta activa inmersión debe traducirse en beneficios económicos tangibles. Estos beneficios no deben quedarse en la superficie, sino que deben fluir a lo largo de toda la cadena de valor. Es esencial que repercutan en las comunidades originarias, permitiéndoles prosperar. Las expresiones artísticas, ya sea en las calles o en los recintos culturales, pueden constituir una fuente de ingresos sostenibles, que beneficie a todos los involucrados.

El Turismo Cultural no solo debe convertirse en un simple componente de la experiencia, sino en el eje principal del viaje para los turistas internacionales. Para nosotros, debe ser una motivación intrínseca para explorar y comprender nuestra propia nación. Debemos desmitificar la noción de que el Turismo Cultural es meramente educativo; puede ser enriquecedor, gratificante y autosostenible en términos económicos.

También es crucial reconocer y valorar las diversas contribuciones que hacen posible estas experiencias: los agricultores que cultivan con esmero, los artesanos que dan forma a grandes piezas, los chefs que fusionan sabores con maestría, los músicos que tejen la banda sonora de la cultura, los maestros holísticos que comparten sabiduría ancestral, y los vitivinicultores que destilan la esencia de la tierra. Cada uno de ellos, y muchos más, tejen juntos la trama de vivencias que convierten un viaje en algo verdaderamente inolvidable.

Internalizar que el turismo constituye una industria excepcionalmente bondadosa, capaz de complementar de manera sobresaliente nuestra labor actual. Por ende, es imperativo que nos especialicemos y capacitemos con el propósito de recibir a los visitantes que persiguen experiencias transformadoras, experiencias que dejarán una huella perdurable en sus corazones y mentes para siempre.

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