Librerías venezolanas: Situación actual (I)

Un gobierno, la lectura digital, además de una cuestión generacional, son parte del por qué las librerías desaparecen Venezuela.

Buscando la obra más célebre de J.M. Briceño, El Laberinto de los 3 Minotauros, me dirijo a varias librerías de mi ciudad hasta encontrar una en particular, y que me gusta mucho visitar. En ella, surge una charla amena con la librera y encargada del lugar: La señora Milagro.

Milagro Vielma, librera profesional de una de las pocas librerías en existencia de mi ciudad (Mérida), tan pocas que puedo contarlas con ambas manos y no suman ni diez, me habla, en un tono melancólico mezclado con la añoranza de “los buenos tiempos”, cómo el establecimiento el cual maneja con su socio desde hace 20 años o más, está muriendo no solo en lo personal, sino en todo en el país.

¿Qué ocurre con las librerías actualmente en Venezuela?

A pesar de que las razones también sean por las que el lector pueda sospechar: es decir, un gobierno, una mayor exigencia e interés por la digitalización de los libros, asuntos económicos internos, etc. creemos que se trata de una “cuestión generacional” conjeturamos hipotéticamente hablando la señora Milagro y yo mientras charlamos.

Y aunque también existen otras razones como la falta o elevado costo de la materia prima para la impresión nacional, la complicada logística de distribución para o hacia el país, entre otros factores incidentes en materia editorial, esto no evita que nos preguntemos algunos:

¿Cuál es el propósito de la lectura ahora para el venezolano dentro de la contemporaneidad?

La verdad: Entretener. Más que informar o educar, entretener con falsas noticias o información a medias al lector vía redes sociales.

Los asiduos compradores que siempre visitaban lugares como Nexos (la librería), y que incluían en su clientela profesores universitarios, ingenieros, colegas de la ciencia política, y más, han desaparecido, dejando estos espacios con muchos libros por comprar, pero con poco tiempo para leer en algunos excepcionales casos.

En los peores, el o los establecimientos se convierten en edificaciones de adorno que tan solo cumplen la función de decorar el casco central de la ciudad con sus vitrinas y rincones llenos de libros, tanto nuevos como usados que nadie, en su mayoría, quiere comprar o leer (sobre todo lo último).

En síntesis, tenemos una fortuna en libros en nuestro país que, cada día, mueren en un establecimiento por falta de mantenimiento o anhelan ser comprados por alguien que de verdad aprecie su contenido. Y aunque, el “el cazar un libro” no es una actividad sencilla en este país para los que puedan pagarlo, es válido que otro depredador de la lectura se lo lleve todo cuando se presenta la oportunidad.

¿Encontré lo que buscaba? No, no lo encontré. Pero acabé llevando a Bolaño, Barthes y Auster como obsequio de navidad, además del recuerdo de una conversación que me hizo escribir esto.