La hegemonía de Occidente en entredicho

Ucrania marca una nueva era de conflicto del siglo XXI en la que los elementos militares, tecnológicos y financieros están entrelazados.

Hace meses, Rusia invadió Ucrania.

En el campo de batalla se está produciendo una guerra de desgaste a lo largo de una línea de frente de mil kilómetros de muerte y destrucción.

Los países occidentales intentan paralizar la economía de Rusia con un novedoso arsenal de sanciones.

La eficacia de este embargo es clave para el resultado de la guerra de Ucrania. Pero también revela mucho sobre la capacidad de las democracias liberales para proyectar su poder a nivel mundial, incluso contra China.

Sin embargo, la guerra de sanciones no va tan bien como se esperaba.

Además de satisfacer a la opinión pública occidental, estas medidas pretendían, a corto plazo, desencadenar una crisis de liquidez y balanza de pagos en Rusia que dificultara la financiación de la guerra y, a largo plazo, perjudicar su capacidad productiva y tecnológica para que, si Vladimir Putin aspirara a invadir otro país, tuviera menos recursos a su alcance.

Las sanciones parecían ofrecer una respuesta al permitir a Occidente ejercer el poder a través de su control de las redes financieras y tecnológicas.

El problema es que el golpe de gracia no se ha materializado.

El PIB de Rusia se reducirá un 6 % en 2022, mucho menos que la caída del 15 % que muchos esperaban. Las ventas de energía aportarán a Rusia un superávit por cuenta corriente de 265.000 millones de dólares este año, su sistema financiero se ha estabilizado y está encontrando nuevos proveedores para algunas importaciones, incluida China.

Mientras tanto, en Europa, la crisis energética puede desencadenar una recesión.

El mayor defecto es que los embargos totales o parciales no están siendo aplicados por más de 100 países que representan el 40 % del PIB mundial.

Resulta ingenuo suponer que las sanciones ofrecen a Occidente una forma barata y asimétrica de enfrentarse a China, una autocracia aún mayor que Rusia, con el fin de disuadir o castigar una invasión de Taiwán. Al igual que con Rusia, es poco probable que la economía de China se derrumbase.

Dado que más países dependen de China que de Estados Unidos como su mayor socio comercial, hacer cumplir un embargo global sería aún más difícil que con Rusia.

Ucrania marca una nueva era de conflicto del siglo XXI en la que los elementos militares, tecnológicos y financieros están entrelazados. Occidente no pueda asumir que tiene preeminencia.

Como dijo William Hooke: “Un día de batalla es un día de cosecha para el diablo”.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Más información Política de Privacidad