
La historia de Sasga Yachts está profundamente ligada a Menorca. Sus raíces se remontan a 1978, cuando nació Astilleros Menorca a partir del conocimiento y la tradición náutica de una familia vinculada desde hacía años a la construcción y comercialización de embarcaciones.
Casi cinco décadas después, aquella tradición se ha transformado en un proyecto empresarial con vocación internacional. Sasga Yachts ha evolucionado el llaüt tradicional menorquín hasta convertirlo en un Mediterranean Trawler con identidad propia, combinando tradición artesana, tecnología, confort y una determinada manera de entender la navegación.
Al frente de esta etapa se encuentra José Luis Sastre, que conoce de primera mano la evolución de la compañía y que entiende el crecimiento internacional como un reto que debe ir necesariamente acompañado de algo más importante: conservar la esencia que hace diferente al proyecto.
En esta entrevista hablamos con él sobre los orígenes de Sasga Yachts, la transformación de una tradición en una marca internacional, el concepto de Slow Yachting, el valor de Menorca como parte del producto y la visión de futuro de un astillero que quiere seguir creciendo sin perder sus raíces.
Sasga Yachts nació en 1978, en una época muy distinta a la actual. ¿Qué visión impulsó la creación del astillero y qué necesidad pretendía cubrir en aquel momento?
La historia, de forma muy resumida es la siguiente: mi padre, Juan Sastre, y mi tío José ya trabajaban en el sector náutico y vendían los llaüts que fabricaba un mestre d’aixa de Menorca, Petrus. Llegó un momento en que vendían todos los barcos que él era capaz de producir y, cuando se jubiló, tuvieron que empezar a fabricarlos ellos mismos.
Por tanto, Astilleros Menorca nació en buena medida de una necesidad, pero también de la ambición y el empuje de aquella generación. No existía un gran plan estratégico detrás. Existía la convicción de que desde Menorca podían construirse buenos barcos: marineros, robustos, funcionales y hechos para durar.
Con los años entendemos que ahí se sembró algo mucho más importante: un oficio, una cultura industrial y una forma muy menorquina de entender el mar que casi cincuenta años después sigue siendo la raíz de Sasga Yachts.
Desde aquel primer proyecto hasta convertirse en un astillero con presencia internacional, ¿cuáles han sido los momentos que marcaron un antes y un después en la historia de Sasga?
Hay varios. Evidentemente, 1978, con la creación de Astilleros Menorca, es el origen de todo. En 2001 hubo el cambio generacional momento en que José Luis Sastre tomó la dirección general y Juan Francisco Sastre la dirección comercial. Después vino una etapa de fuerte crecimiento y profesionalización que culminó en 2005 con la venta de aquella compañía a un private Equity.
El segundo gran momento fue 2010. Tras la crisis financiera mundial y la desaparición de Menorquin Yachts, decidimos volver a empezar con Sasga Yachts. Empezábamos prácticamente desde cero, pero no desde la nada: detrás había décadas de conocimiento, experiencia, relaciones y una forma muy concreta de construir barcos.
A partir de ahí, el tercer gran salto ha sido la internacionalización y la transformación del llaüt evolucionado en lo que hoy definimos como un Mediterranean Trawler: un yate con identidad propia capaz de competir en mercados muy exigentes.
Y ahora estamos viviendo otro momento relevante: profesionalizar aún más la compañía y prepararla para crecer sin perder aquello que nos hace diferentes. Para nosotros, el reto no es simplemente ser más grandes, sino ser mejores y más sólidos.
Habéis conseguido transformar el llaüt tradicional menorquín en una embarcación reconocida internacionalmente. ¿Cómo se logra evolucionar un legado sin perder su esencia?
Creo que la clave está en distinguir qué debe permanecer y qué debe evolucionar.
El legado no consiste en reproducir literalmente un barco de hace cincuenta años. Consiste en entender qué había detrás de aquel barco: una embarcación marinera, segura, robusta, funcional y adaptada al Mediterráneo. Esa esencia no debemos perderla.
Todo lo demás puede y debe evolucionar. La ingeniería, la tecnología, los materiales, la eficiencia, el confort, los sistemas de navegación o los procesos de fabricación son hoy radicalmente distintos.
Nos gusta decir que combinamos tradición artesana y tecnología. Pero para nosotros la tradición no significa mirar hacia atrás. Significa tener unas raíces suficientemente sólidas como para poder avanzar sin perder la identidad. Queremos que alguien vea un Menorquin dentro de veinte años y siga reconociendo inmediatamente de dónde viene.

Durante años se ha asociado el éxito de una embarcación a la velocidad o a la potencia. Sin embargo, Sasga Yachts habla de navegar de otra manera. ¿Qué significa realmente disfrutar del mar al estilo mediterráneo?
Para nosotros significa que la navegación forma parte del viaje y no es simplemente el tiempo necesario para llegar al destino.
Un barco no debería servir únicamente para ir rápidamente de un punto a otro. Debe permitir disfrutar de la singladura: navegar cómodamente, con seguridad, sin estrés y con tiempo para compartir una conversación, contemplar el paisaje o simplemente estar en el mar.
De ahí nace nuestro concepto de Slow Yachting. Y es importante aclarar que no significa navegar despacio por obligación. Significa poder elegir el ritmo y disfrutar del camino.
Por eso damos tanta importancia a la navegabilidad, la estabilidad, el confort, la habitabilidad, el nivel de ruido o la eficiencia. En un Menorquin el viaje tiene que ser parte del placer. Esa forma de entender la navegación es profundamente mediterránea y está muy vinculada a nuestra propia experiencia del mar en Menorca.
Vivimos en una sociedad acelerada. ¿Cree que hoy el verdadero lujo consiste precisamente en poder detenerse, navegar sin prisas y reconectar con el entorno? ¿Es esa la filosofía que buscan quienes se sienten atraídos por una embarcación SASGA Yachts?
Creo que uno de los mayores lujos actuales es precisamente poder decidir qué hacemos con nuestro tiempo.
Vivimos rodeados de velocidad, inmediatez y estímulos constantes. El mar ofrece justamente lo contrario: espacio, silencio, perspectiva y tiempo compartido. Y creo que muchos de nuestros clientes han llegado a un momento de su vida en el que valoran enormemente todo eso.
No buscan necesariamente demostrar nada a nadie. Buscan disfrutar del barco, de su familia, de sus amigos, de una buena travesía o de una cala en la que permanecer unas horas más porque simplemente se está bien allí.
Por eso pienso que Slow Yachting conecta con algo que va mucho más allá de una tendencia náutica. Es una determinada forma de entender el tiempo. Y probablemente ahí esté una parte importante del verdadero lujo: tener la libertad de no tener siempre prisa.
¿Qué hace diferente a Sasga Yachts frente a otros astilleros europeos y qué cree que termina convenciendo a un armador para elegir una de vuestras embarcaciones?
Creo que nuestra principal diferencia es la coherencia del conjunto.
Tenemos un producto con una identidad muy reconocible, construido en Menorca, con una tradición real detrás y no creada por el marketing. Fabricamos una producción limitada, cuidamos mucho la calidad y permitimos un elevado grado de personalización. Y, sobre todo, hacemos barcos pensados para navegar y para vivirlos.
Nuestros clientes suelen valorar especialmente ese equilibrio entre navegabilidad y habitabilidad, entre tradición y tecnología, entre robustez y elegancia. Una elegancia, además, que intentamos que sea atemporal y no dependa de las modas.
Pero hay algo que suele resultar decisivo: probar el barco. Un Menorquin probablemente se entiende mejor navegando que viendo una fotografía. Cuando un armador experimentado percibe cómo navega, cómo responde el casco, el silencio, la estabilidad y la sensación de seguridad, comprende rápidamente cuál es nuestra propuesta.
Al final no queremos fabricar el barco que guste a todo el mundo. Queremos fabricar un barco excepcional para quien comparte nuestra forma de entender el mar.

Diseñáis y construís cada embarcación en Menorca. ¿Hasta qué punto la isla, su tradición marítima y su forma de entender el Mediterráneo forman parte del ADN de Sasga Yachts?
Completamente. Menorca no es simplemente el lugar donde está ubicada nuestra fábrica; forma parte del producto.
Aquí nació nuestra tradición náutica, aquí aprendimos a construir barcos y aquí sigue existiendo buena parte del conocimiento artesanal que transmitimos de generación en generación. Carpinteros, mecánicos, electricistas, laminadores y muchos otros profesionales aportan a cada barco un conocimiento acumulado durante décadas.
Pero Menorca aporta también una manera de relacionarse con el mar. Quien vive en una isla aprende a respetarlo y a entender que el barco debe ser, ante todo, marinero y fiable.
También hay algo de la propia personalidad de Menorca en nuestros barcos: son discretos, auténticos, sin demasiada ostentación y pensados para perdurar. Creo que nuestro reto es precisamente seguir creciendo internacionalmente sin convertir Menorca en una simple referencia estética. Queremos seguir diseñando y construyendo desde aquí porque una parte importante de lo que ofrecemos al mundo nace precisamente de aquí.
Sasga Yachts está presente en mercados internacionales cada vez más diversos. ¿Cree que cada embarcación que sale del astillero también proyecta una forma muy particular de entender el mar, nacida en Menorca y profundamente mediterránea?
Sin duda, y esa es probablemente una de las cosas que más me ilusionan del proyecto.
Cuando vemos uno de nuestros barcos navegando a miles de kilómetros de Menorca comprobamos que una forma de entender el mar nacida en una pequeña isla puede tener un carácter absolutamente internacional.
Estamos exportando unos valores que nacen aquí pero que son universales: disfrutar del tiempo, navegar con seguridad, valorar las cosas bien hechas, buscar productos duraderos y preferir la autenticidad frente a la ostentación.
Esa es una de las grandes fortalezas de Sasga. Podemos adaptar nuestros barcos a diferentes mercados, normativas y formas de utilización, pero su carácter debe seguir siendo reconocible.
Cada barco que sale de nuestro astillero lleva tecnología, ingeniería y muchas horas de trabajo, pero también lleva una pequeña parte de Menorca. Y creo que eso tiene un valor enorme en un mundo en el que muchos productos empiezan a parecerse demasiado unos a otros.

Si tuviera delante a una persona que está pensando en adquirir una embarcación y solo dispusiera de un minuto para explicarle por qué debería descubrir Sasga Yachts, ¿qué le diría? ¿Y cuál es la visión que le gustaría que definiera a la compañía en los próximos años?
Le diría que, si busca únicamente el barco más rápido o más llamativo del pantalán, probablemente existen otras opciones. Pero si busca un barco para navegar de verdad, para vivirlo, para compartirlo y para disfrutarlo durante muchos años, debería probar un Menorquin.
Encontrará un yate marinero, cómodo, robusto y atemporal, construido en Menorca con una combinación de tradición artesana, ingeniería y tecnología actual. Encontrará también una producción limitada que nos permite cuidar los detalles, personalizar cada unidad y mantener una relación cercana con nuestros propietarios.
Y de cara al futuro, me gustaría que Sasga Yachts fuese reconocida internacionalmente como el fabricante del Mediterranean Trawler. Pero quiero que lleguemos allí sin perder nuestra esencia.
No aspiramos a crecer a cualquier precio. Queremos crecer en valor, calidad, reputación y capacidad. Seguir siendo una empresa familiar en sus valores y profundamente profesional en su gestión. Y, sobre todo, continuar haciendo aquello que explica nuestro propósito: construir yates que dejen huella en la vida de las personas que los disfrutan.
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