
Menorca Horse Week ha demostrado el potencial de la isla para proyectar al exterior un modelo que combina tradición, excelencia y una identidad propia cada vez más reconocible. Entre las empresas y entidades que respaldaron esta edición se encontró Villa Le Blanc Gran Meliá, uno de los proyectos hoteleros más singulares de Menorca y referente de una nueva forma de entender el turismo de lujo.
Al frente del hotel se encuentra Roland Pérez Dubrova, director de un hotel que ha convertido la sostenibilidad, el lujo silencioso y la integración con el territorio en parte esencial de su propuesta. Tras participar como patrocinador de Menorca Horse Week, conversamos con él sobre la evolución del viajero premium, el valor del caballo menorquín como elemento diferencial y el papel que puede desempeñar Menorca en el futuro del turismo de alto nivel.
Villa Le Blanc Gran Meliá se presenta como un hotel que redefine el lujo en Menorca. ¿Cómo describiría su esencia y qué lo hace único dentro del portfolio de Gran Meliá?
Villa Le Blanc representa una nueva manera de entender el lujo: un lujo consciente, sereno y profundamente integrado en su entorno. Es un hotel concebido desde su origen como un proyecto Net Zero, donde la sostenibilidad no es un añadido, sino una parte estructural de su ADN.
Dentro del portfolio de Gran Meliá es un hotel singular porque combina la excelencia técnica con una experiencia emocional basada en la calma, la luz y el tiempo; una propuesta alineada con ese concepto de lujo silencioso que cada vez cobra más relevancia. Todo responde a una idea muy clara: ofrecer el máximo confort desde la discreción y el respeto por el lugar.
La arquitectura y el diseño del hotel transmiten una conexión muy clara con el entorno. ¿Qué papel juega la identidad menorquina en el proyecto?
La identidad menorquina es la base del proyecto. El hotel ha sido diseñado íntegramente por el estudio ASAH, dirigido por el arquitecto Álvaro Sans, a través de una interpretación contemporánea de la arquitectura tradicional de la isla.
Materiales locales, volúmenes blancos, una relación muy cuidada con la luz natural y una escala plenamente integrada en el paisaje conforman un edificio que dialoga con Menorca de forma respetuosa. Además, esta arquitectura responde también a criterios climáticos y energéticos alineados con nuestro compromiso con la sostenibilidad, demostrando que estética y responsabilidad pueden ir de la mano.

¿Qué tipo de cliente busca hoy Villa Le Blanc y cómo ha evolucionado ese perfil en los últimos años?
Hoy atraemos a un viajero internacional de alto nivel, sofisticado y muy consciente del valor de su tiempo. Es un cliente que prioriza la tranquilidad, la privacidad y las experiencias auténticas por encima del lujo entendido desde la ostentación.
En los últimos años hemos observado una evolución muy clara hacia un viajero que busca coherencia entre el destino que elige, el entorno que le rodea y sus propios valores, especialmente en aspectos como la sostenibilidad y el bienestar.
Villa Le Blanc ha participado como patrocinador de la Menorca Horse Week. ¿Qué les motivó a implicarse en este proyecto?
La motivación surgió de una forma muy natural. La Menorca Horse Week ha puesto en valor uno de los patrimonios culturales más singulares de la isla desde una perspectiva contemporánea y con una clara apuesta por la excelencia.
Para nosotros, formar parte de este proyecto fue una manera coherente de apoyar iniciativas que refuerzan la identidad de Menorca y ayudan a proyectarla internacionalmente con criterio y autenticidad.
¿Qué valores comparte el hotel con un evento como la Menorca Horse Week?
Compartimos valores esenciales como la excelencia, el respeto por el entorno y las tradiciones, la atención al detalle y una visión a largo plazo.
Creemos en un modelo donde la calidad prevalece sobre la cantidad y donde el crecimiento debe ser compatible con la preservación cultural y medioambiental. Sostenibilidad y desarrollo deben avanzar juntos, y esa visión representó un punto de encuentro natural entre ambas iniciativas.
¿Cómo cree que este tipo de iniciativas contribuyen a posicionar Menorca a nivel internacional?
Contribuyen de forma decisiva porque ayudan a construir un relato diferencial.
Menorca tiene la capacidad de posicionarse como un destino auténtico, elegante y culturalmente sólido, capaz de atraer a un viajero premium que busca experiencias únicas, con identidad y propósito. Iniciativas de este tipo refuerzan ese posicionamiento de una manera muy creíble.
¿De qué manera puede el turismo de lujo apoyar y preservar tradiciones como la del caballo menorquín?
El turismo de lujo, entendido desde la responsabilidad, puede convertirse en un aliado clave. Aporta visibilidad, recursos y un marco de excelencia que permite preservar tradiciones locales sin desvirtuarlas.
Siempre que se trabaje desde el respeto y la colaboración con la comunidad local, el impacto puede ser muy positivo y generar valor compartido.
¿Cree que el caballo menorquín puede convertirse en un elemento diferencial dentro de la oferta turística de alto nivel?
Sin ninguna duda. El caballo menorquín es una raza especial por su naturaleza: auténtica, exclusiva y profundamente vinculada a la identidad de la isla.
En un contexto en el que el lujo se define cada vez más por lo irrepetible y por aquello que tiene raíces y significado, se convierte en un elemento diferencial de enorme valor dentro de la oferta turística de alto nivel.

¿Qué retos y oportunidades ve para Menorca dentro del segmento del turismo de lujo en los próximos años?
El principal reto es gestionar el crecimiento sin perder la esencia que hace única a la isla.
La gran oportunidad pasa por consolidar Menorca como un referente de lujo tranquilo, sostenible y responsable en el Mediterráneo. Proyectos como Villa Le Blanc demuestran que es posible desarrollar propuestas de alto nivel desde la sensibilidad, la coherencia y una visión de futuro.

