
En un momento en el que el viajero busca experiencias auténticas, ligadas al territorio y alejadas de la masificación, Torralbenc se ha consolidado como uno de los proyectos hoteleros más singulares y reconocidos de Menorca. Ubicado en una antigua finca tradicional rehabilitada con sensibilidad y respeto por el paisaje, el hotel ha sabido construir una propuesta donde la arquitectura, el vino, la gastronomía y el entorno dialogan de forma natural.
Desde su apertura en 2013, bajo la dirección de Mária Abad, Torralbenc ha defendido una manera de entender la hospitalidad basada en la calma, la excelencia discreta y la conexión profunda con la isla. En esta entrevista, Mária Abad reflexiona sobre la esencia de Menorca, el valor cultural del caballo menorquín y el papel de iniciativas como la Menorca Horse Week en la proyección internacional de la isla.
Torralbenc se ha consolidado como uno de los proyectos hoteleros más singulares de la isla. ¿Cómo nace el proyecto y qué visión había detrás desde el inicio?
Torralbenc nace del profundo respeto por el paisaje, la historia y la esencia de Menorca. El proyecto surge a partir de la recuperación de una antigua finca agrícola tradicional, con la voluntad de preservar su identidad original y, al mismo tiempo, darle una nueva vida como un lugar discreto y auténtico.
Desde el inicio, la visión fue muy clara: crear un lugar donde el huésped pudiera conectar con la belleza y la naturalidad de la isla. Queríamos alejarnos del concepto de lujo ostentoso y apostar por un lujo basado en la experiencia, en los detalles y en la autenticidad.
La arquitectura, liderada por Antoni Esteva, ha sido clave para lograr esta integración respetuosa con el entorno, manteniendo la esencia de las construcciones originales y reinterpretándolas con una estética contemporánea y atemporal.
Asimismo, nos hemos posicionado como una de las bodegas de referencia de la isla, gracias a los vinos que nacen de nuestras 17 hectáreas de viñedo. También ofrecemos una propuesta gastronómica estrechamente ligada al territorio y un servicio cercano, cuidado y profundamente humano.
Torralbenc nació con la voluntad de convertirse en un lugar donde la hospitalidad, el paisaje y la cultura local convivieran de forma natural, permitiendo al huésped descubrir Menorca desde una mirada auténtica, serena y profundamente conectada con la isla.
Vuestra propuesta está muy ligada al entorno, la calma y la autenticidad. ¿Qué tipo de experiencia buscáis ofrecer hoy al huésped que se aloja en Torralbenc?
Buscamos ofrecer una experiencia que vaya más allá del alojamiento, donde el huésped realmente sienta que forma parte de Menorca durante su estancia. En Torralbenc, todo está pensado para invitar a la desconexión, al disfrute pausado y a la conexión con el entorno, desde el silencio del paisaje hasta los pequeños detalles del día a día.
Hoy el viajero valora especialmente la autenticidad y la personalización, por lo que nuestro objetivo es crear experiencias a medida, que pueden ir desde una cata privada de nuestros vinos en la bodega, hasta una jornada en el mar con nuestro barco Talatí o una cena tranquila al atardecer con producto local y de temporada.
Al mismo tiempo, ponemos mucho énfasis en el servicio: cercano, intuitivo y elegante, capaz de anticiparse sin invadir. Queremos que cada huésped se sienta cuidado de una forma natural, casi sin darse cuenta.
Es por este motivo que ofrecemos una experiencia auténtica, donde el lujo se percibe en el tiempo, en el espacio y en la calidad de cada momento.

Menorca es un destino con una identidad muy marcada. ¿Qué elementos creéis que la hacen diferente dentro del Mediterráneo?
Menorca tiene una identidad única dentro del Mediterráneo porque ha sabido preservar algo que hoy es cada vez más escaso: su autenticidad. Es una isla que no ha perdido su esencia, donde el paisaje, la arquitectura y el ritmo de vida siguen profundamente ligados a su historia.
Uno de los elementos diferenciales más importantes es su condición de Reserva de la Biosfera de Menorca, que ha permitido proteger su entorno natural de una forma ejemplar. Esto se traduce en una costa prácticamente intacta, en la diversidad de sus paisajes y en una sensación de lugar especial que se percibe desde el primer momento.
A ello se suma su escala: Menorca invita a descubrirla, a recorrer sus caminos, sus calas y su campo, manteniendo siempre una relación muy cercana con la naturaleza. No es un destino de grandes artificios, sino de experiencias genuinas.
También su cultura y su gastronomía, muy vinculadas al producto local y a las tradiciones, aportan una personalidad muy definida. Y, por supuesto, la luz tan especial que envuelve toda la isla y forma parte de su carácter.
El caballo menorquín es uno de los grandes símbolos culturales de la isla. Desde vuestra perspectiva, ¿qué papel juega en la identidad y en la experiencia que ofrece Menorca al visitante?
El caballo menorquín es, sin duda, uno de los grandes emblemas de la isla y una expresión muy auténtica de su identidad. Más allá de su belleza y elegancia, representa una tradición viva, profundamente arraigada en la cultura local y en celebraciones tan emblemáticas como las fiestas populares.
Desde nuestra perspectiva, el caballo menorquín aporta un componente emocional y cultural muy potente a la experiencia del visitante. Es una forma de acercarse a la esencia de Menorca, a su historia y a su manera de vivir.
Además, permite descubrir la isla desde una mirada distinta: recorrer el campo, los caminos rurales o incluso formar parte de experiencias vinculadas al mundo ecuestre conecta al huésped con el entorno de una forma muy especial.
En Torralbenc entendemos este vínculo como una oportunidad para enriquecer la estancia, ofreciendo experiencias que respetan y ponen en valor esta tradición, siempre desde la autenticidad y el cuidado por el detalle.

Menorca Horse Week pone en valor tradiciones como el caballo menorquín en un contexto internacional. ¿Qué significa para vosotros formar parte de una iniciativa de este tipo?
Formar parte de la Menorca Horse Week es, ante todo, un orgullo y una responsabilidad. Es una iniciativa que proyecta al mundo una de las tradiciones más auténticas de la isla, situándola en un contexto internacional sin perder su esencia.
Para nosotros supone la oportunidad de acompañar y reforzar ese relato, alineado con nuestra manera de entender Menorca: desde el respeto, la autenticidad y el cuidado por los detalles. Este tipo de encuentros no solo ponen en valor el caballo menorquín, sino también todo lo que lo rodea: la cultura, el paisaje y el estilo de vida de la isla.
Además, nos permite ofrecer a nuestros huéspedes una experiencia más rica y completa, acercándoles a una tradición viva de una forma cuidada y significativa, en conexión con el entorno y con las personas que lo mantienen.
También creemos que iniciativas como esta contribuyen a mostrar una Menorca más auténtica y diferencial, capaz de posicionarse internacionalmente desde su identidad, su patrimonio cultural y su manera única de entender el territorio y la hospitalidad.
¿Creéis que eventos como Menorca Horse Week pueden ayudar a proyectar elementos únicos de la isla hacia un público internacional?
Sin duda, iniciativas como la Menorca Horse Week son una plataforma extraordinaria para proyectar al mundo aquello que hace única a la isla. Permiten dar visibilidad internacional a tradiciones profundamente arraigadas, como el caballo menorquín, en un formato contemporáneo y atractivo para un público global.
Este tipo de eventos tienen la capacidad de conectar con un viajero que ya no busca solo un destino, sino una historia, una cultura y una identidad auténtica. Además, ayudan a posicionar Menorca más allá del concepto de sol y playa, poniendo en valor su riqueza cultural, su patrimonio y su estilo de vida.
Desde nuestra perspectiva, son iniciativas muy alineadas con el modelo de turismo que defendemos: respetuoso, de calidad y enfocado en experiencias con significado. Bien planteados, no solo atraen a un público internacional, sino que lo hacen desde lo que realmente diferencia a la isla.

Desde vuestra experiencia en hospitality, ¿qué tipo de visitante atraen este tipo de eventos y cómo se integran en la propuesta de destino que ofrece Menorca?
Desde nuestra experiencia en hospitality, este tipo de eventos atraen a un visitante internacional con un perfil muy definido: viajero experimentado, con sensibilidad cultural, alto poder adquisitivo y una clara búsqueda de autenticidad. No viene únicamente a descansar, sino a comprender el destino, a vivirlo desde dentro y a acceder a experiencias que no son fácilmente replicables en otros lugares.
Iniciativas como la Menorca Horse Week conectan especialmente con este perfil porque combinan tradición, exclusividad y un cierto componente emocional. El caballo menorquín, en este contexto, deja de ser solo un símbolo cultural para convertirse en una experiencia viva, sofisticada y muy diferencial.
En cuanto a su integración en la propuesta de destino, encajan de forma muy natural con el posicionamiento de Menorca: autenticidad y calidad, lejos de modelos más masificados. Este tipo de eventos enriquecen la estancia, aportan contenido y generan motivos adicionales para viajar fuera de los picos tradicionales, contribuyendo además a una desestacionalización más cualitativa.
Además, ayudan a construir una imagen de Menorca más vinculada a la excelencia, la cultura y las experiencias con identidad propia, reforzando un modelo turístico sostenible y coherente con la esencia de la isla.
