El Carnaval de Barranquilla no solo es una fiesta para los barranquilleros; es prueba viviente de que nadie quiere perderse lo que se vive en este lugar. Mucho más allá de los bailes, la ropa, las comparsas y los eventos, está el mayor atractivo que viste a Barranquilla con una insignia cultural inmaterial y eterna, que no solo promueve las tradiciones, sino que invita a todos a probar a qué sabe esta ciudad.
De fiesta regional a fenómeno mundial
Esta fiesta ahora tiene un sello mundial. Comúnmente solían venir personas de distintas partes de Colombia para disfrutar del sabor caribeño en su máximo esplendor, pero hoy en día se ha transformado para darle espacio a turistas de todas partes del mundo. Las cifras no mienten: año tras año, el Carnaval de Barranquilla rompe récords en tres frentes: ocupación hotelera, generación de empleo y ganancias que superan los pronósticos. Pero no solo se trata de inversión ni de beneficio económico: se trata de la apuesta cultural que tiene la ciudad para consolidar en un solo espacio la presencia de tantas culturas alrededor del mundo, que se reúnen para compartir una fiesta que trasciende la edad, el estrato, la raza y las creencias.
La huella que se llevan los visitantes
Durante cuatro días, la ciudad se dispone a participar con alemanes, franceses, americanos, argentinos y personas de todas las culturas, para mostrarle al mundo de qué está hecho el calor del Caribe. Pero no todo son estadísticas financieras o de cuántos extranjeros los visitan.
Lo más importante es la huella patrimonial que se ensambla en la sonrisa de cada visitante cuando regresa a su país; es el reconocimiento del poder cultural de una fiesta que ha marcado generaciones y que se comparte año tras año con el ansia de descubrir una nueva comparsa, de conocer una nueva reina y de ser parte de cada uno de los recorridos que se disfrutan en las calles de la ciudad.
La otra cara de la moneda: informalidad y desigualdad
A pesar de esto, existe otra cara de la moneda. El incentivo que le ofrece el Carnaval a la economía es muy evidente, pero lo que las personas no recalcan es que la economía en Colombia, no solo en Barranquilla, es mayormente informal.
En Barranquilla la informalidad ronda el 60%, y los empleos que genera el Carnaval son temporales, lo cual no posibilita un contrato formal. Además, la avalancha de turistas tensiona en gran medida la infraestructura vial, aérea y de seguridad en la semana en la que se realiza esta fiesta. Esto también plantea la discusión de redirigir los beneficios que se obtienen, para que no siempre queden privilegiados los mismos de siempre: las grandes cadenas hoteleras y los sectores empresariales.
Las clases populares, a las que se supondría les correspondería la visibilidad adecuada, en muchas ocasiones se ven opacadas por los grandes contratos. Ese pequeño sector es el que se encarga de organizar los carruajes, diseñar los vestidos, planear la logística y prestar los equipos como sillas y tarimas, y es el que termina llevándose todo el beneficio.
Una apuesta de ciudad para los 365 días del año
No se trata de concentrarse solo en lo que funciona o lo que no, sino de avanzar de una forma orgánica, de manera que se pueda consolidar una propuesta clara que brinde el apoyo necesario a todos los sectores a lo largo del tiempo, que no sea solo una fiesta pasajera de 4 días, sino que se convierta en un emblema de la ciudad que fomente la cultura y el turismo.
Es por eso que desde la alcaldía se han venido trabajando proyectos que utilizan la bandera del Carnaval para promocionar actividades culturales, en donde se desarrollan destrezas de grupos artísticos e interesados en la cultura, tales como la creación del Museo del Carnaval, la Casa del Carnaval o la «Caseta del Carnaval», la cual recibe constantemente propuestas de remodelación y actividades para los 365 días del año.
Sin duda alguna, el Carnaval es un referente internacional que ha brindado una cara muy abierta de lo que es Barranquilla como ciudad: el calor de su gente y su patrimonio histórico. Si bien es cierto que hay muchos aspectos en los que se debe trabajar, se está progresando para que el gremio empresarial y todos los grupos civiles y culturales tengan una participación equitativa. Además, esta fiesta siempre se promueve como una idea constante que ha respondido a las necesidades de turistas y locales de conocer la riqueza de un lugar donde todo vale, donde todos pueden participar y donde, sobre todo, todos pueden conocer de qué está hecho el calor barranquillero.
