Crónicas gastronómicas de La Rioja: Las calles de pinchos de Logroño

Descubre las calles de pinchos de Logroño: tradición, sabor y cultura en cada bocado.

En crónicas gastronómicas de La Rioja, las calles de pinchos de Logroño son el alma gastronómica de la capital riojana, donde el vino, la tradición y la pasión por la cocina en miniatura se fusionan en cada rincón.

En el corazón de su casco antiguo, las calles Laurel y San Juan emergen como auténticos templos del tapeo.

Estas calles son un reclamo turístico y un punto de encuentro para los logroñeses, que han convertido el «ir de pinchos» en una tradición arraigada en su día a día.

En este artículo, recorreremos estas arterias emblema, explorando su historia, cultura, festejos y evolución, demostrando que el tapeo logroñés no tiene límites. ¡Logroño a bocados!

 

Historia: más de un siglo de sabor

La calle Laurel conocida cariñosamente como «La Senda de los Elefantes»—un guiño humorístico a quienes salen de ella «con trompa y a cuatro patas» tras disfrutar de sus caldos—, tiene una historia que se remonta al siglo XIX. Uno de los pioneros fue el bar Blanco y Negro, que sirvió de germen para la ruta gastronómica que hoy reúne más de 80 establecimientos.

A pocos pasos de Laurel, la calle San Juan ha sido históricamente un punto de vida comercial y vecinal. Su oferta hostelera creció en las últimas décadas, convirtiéndose en un complemento perfecto a su vecina más famosa. Mientras la calle Laurel atraía a visitantes, San Juan se mantuvo como el refugio de los locales, no obstante, hoy ambas calles comparten protagonismo en el panorama gastronómico logroñés.

«Y me preguntan qué significa para mí la calle Laurel y San Juan…las calles de pinchos de Logroño por excelencia.

¡Para mí! Para una riojana, logroñesa de generaciones cuyo padre nació en la casa de la calle San Juan que albergaba el santo en una vitrina de la fachada.

¡Pues para averiguarlo, allá que voy!

Y voy a Laurel y llego; es jueves a mediodía y se ve movimiento de descarga de género, de champis de sacos de patatas de cajas de vino, de toneles de cerveza… Y se oyen saludos, bromas entre hosteleros aquí y allá, ruido de cancelas abriendo…No es la estampa de un sábado por la noche llena de gente con olor a champi, ruido de gente…no; es mejor. Puedes pasear por la calle y ver los adoquines, ver la perspectiva de las casas a los lados de la calle de los años 20 que se adivinan en otros tiempos carboneras, zapaterías y como no, bares y mesones.

Parece sentirse el alma de generaciones de riojanos que venían a Logroño a hacer sus “tratos” y hermanaban unos con otros con unos vinos. Esa hermandad riojana de gente buena y abierta también puede sentirse y se siente hoy jueves a las 13.38 de mediodía, pues eso es para mí.

Las calles Laurel y San Juan, son pasado, presente y futuro de gente buena hermanada.”- R. Lázaro, riojana de pura cepa.

Cultura y tradiciones: el arte del chiquiteo

En La Rioja, el vino y los pinchos son un estilo de vida. La cultura del «chiquiteo», que consiste en recorrer bares probando pequeños bocados con chato de vino en mano, es un ritual que permanece vivo a lo largo del tiempo. En Laurel y San Juan, este ritual se eleva a su máxima expresión. Cada bar tiene su especialidad, y los parroquianos recorren las calles probando un pincho aquí y otro allá. Esta costumbre fomenta la convivialidad y refleja el carácter abierto y acogedor de los riojanos.

La Asociación de Hosteleros de la calle Laurel ha trabajado activamente para preservar esta tradición, ofreciendo guías que detallan las especialidades de cada local. Mientras tanto, San Juan mantiene un aire más auténtico y cotidiano, con bares que combinan recetas de siempre con toques modernos, atrayendo tanto a los nostálgicos como a quienes buscan nuevas propuestas.

Festejos en las calles de pinchos de Logroño: San Mateo y mucho más…

Durante la semana de San Mateo, en septiembre y las fiestas de San Bernabé, en junio, Logroño se llena de música, desfiles de peñas y actividades. La Calle Laurel y San Juan se convierten en el epicentro gastronómico de la celebración. El ambiente festivo se mezcla con el aroma de la plancha y el sonido de las copas brindando.

Sin embargo, no es necesario esperar a San Mateo para disfrutar del mejor ambiente. Los jueves, los fines de semana y festivales como «Actual » en enero o «Muwi » en agosto, refuerzan la vitalidad de estas calles durante todo el año.

Pinchos: pequeños bocados, grandes sabores

La oferta de pinchos en las calles Laurel y San Juan es variada e irresistible.

Los clásicos de la calle Laurel:

  • El «champi» del Bar Soriano: Tres champiñones a la plancha con gamba y su salsa secreta.
  • El «matrimonio» del Blanco y Negro: Anchoa, boquerón y pimiento verde.
  • El «Tío Agus» del Bar Lorenzo: Bocadillo de carne adobada con salsa picante.
  • Las setas del Bar Cid: Cocinadas con maestría.

Tradición e innovación en la Calle San Juan:

  • Tastavín (recomendado por la Guía Michelin): Saquitos de alcachofa con jamón y bricks de rabo guisado.
  • Umm: Croquetas de jamón Joselito y panceta de bellota a baja temperatura.
  • Samaray: Revuelto de setas y panceta.
  • La Cantina: Patatas asadas con aliños tradicionales.

Las redes sociales han impulsado la fama de estos pinchos, con influencers compartiendo sus «Top 5» de bares y tapas imperdibles.

La gente: el alma de las calles de pinchos de Logroño

Lo que hace únicas a las calles de pinchos de Logroño son su oferta gastronómica y las personas que las habitan.

Los hosteleros, muchos de ellos herederos de negocios familiares, aportan pasión y autenticidad a cada bocado. Los clientes, ya sean logroñeses de toda la vida o peregrinos del Camino de Santiago, se mezclan en un ambiente de camaradería. Aquí, las conversaciones fluyen tan fácilmente como el vino, y no es raro que un desconocido te recomiende su bar favorito o comparta una anécdota entre risas.

Un legado vivo y actual

Actualmente, las calles de pinchos en Logroño siguen evolucionando sin perder su esencia. La calle Laurel mantiene su estatus como referente turístico, mientras San Juan se afianza como la opción para quienes buscan una experiencia más tranquila y genuina. Fuentes recientes, como artículos de prensa local y guías gastronómicas, coinciden en que estas calles son un reflejo de la identidad riojana: una mezcla de tradición, innovación y orgullo por lo propio.

Otras calles de pinchos de Logroño 

Además de las icónicas calles Laurel y San Juan, Logroño cuenta con otras zonas donde la cultura del pincho se vive con intensidad y personalidad propia.

  • Calle María Teresa Gil de Gárate: La nueva meca del tapeo

Situada en el corazón de Logroño, cerca de Gran Vía, ha pasado de ser una vía tranquila a convertirse en un referente gastronómico en los últimos años. En la actualidad, es un lugar donde la tradición riojana se mezcla con propuestas vanguardistas.

  • Calle Somosierra: La vecina discreta, pero sabrosa

Con un aire más residencial, esta calle ha visto un auge de pequeños bares y restaurantes, una joya que empieza a destacar por su oferta de pinchos.

  • Calle del Peso: Un eco del pasado

Aunque su esplendor quedó atrás, aún conserva bares que mantienen viva la tradición.

  • Travesía de San Juan: El completo escondido

Este pequeño rincón ha sido históricamente un refugio para quienes buscan evitar las multitudes.

¡Descubre pincho a pincho Logroño!

En definitiva, recorrer todas estas calles es mucho más que una experiencia culinaria; es un viaje a través de la historia, la cultura y el alma de Logroño. Sus pinchos, sus edificios, sus festejos y su gente te invitan a quedarte, a brindar y, sobre todo, a volver. Porque, como dicen en La Rioja, aquí siempre hay un sitio en la barra para quien quiera sentirse en casa.

Así que, la próxima vez que salgas de chiquiteo, no te quedes solo en lo conocido: aventúrate por estas rutas y descubre que, en Logroño, “Don Pincho” siempre tiene algo nuevo que contar. ¿Te animas a probarlas? 

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