Tus decisiones definen tus resultados

Todos los días hay que tomar decisiones: desde levantarse temprano o no; desayunar sano, o no; mantener una actitud positiva o no.
El resultado de lo que somos hoy como Personas es un producto de decisiones:
- Decisiones que tomamos bien
- Decisiones que tomamos mal
- Decisiones que nunca tomamos
Todas nuestras decisiones son personales, claro, pero están influenciadas por múltiples factores. Los principales son nuestras conductas, y lo más importante: nuestra mentalidad.
Tu comportamiento es producto de tu mentalidad
Nuestra mentalidad es la que definitivamente dicta nuestros comportamientos de manera directa.
Toda persona quiere mejorar, desempeñarse mejor, un Líder de empresa no es la excepción, quiere adoptar mejores hábitos, desarrollar mejores decisiones, sin embargo, se comente un gran error cuando estos cambios se quieren trabajar simplemente desde el comportamiento. Lo he comprobado.
Cuando queremos cambiar solo comportamientos, es muy probable que terminemos por malgastar tiempo y energía, porque los cambios no se arraigan hasta convertirse en hábitos y formar parte de nuestro nuevo ADN.
Pongamos un ejemplo muy sencillo: Te das cuenta que tu conducta con respecto al ejercicio físico es muy negativa, has abusado del sedentarismo, has priorizado el sofá, las redes sociales y Netflix por sobre tu salud física.
En ese momento te dices a ti mismo que tienes que romper esos hábitos negativos, te pones como meta levantarte a las 6 de la mañana a hacer ejercicio, luchas contra la conducta negativa de no hacerlo, a través de la disciplina de instalar un nuevo “hábito poderoso”. Lo haces los primeros tres días y al cuarto ya no regresas a la práctica. La disciplina murió. Y murió porque solamente atacaste comportamientos negativos, “no fuiste a fondo”.
Según mi experiencia, muy pocos líderes de empresa realmente hacen un análisis del por qué deciden como deciden y por qué piensan como piensan. Y para muestra hagamos una prueba en nosotros mismos, ¿alguna vez lo has hecho tú? Si lo has hecho alguna vez, ¿hace cuánto fue? Y si lo hiciste recientemente, ¿estás realizado ajustes o cambios en tu forma de conducirte?
Las personas queremos cambiar nuestras conductas y por ende, nuestras decisiones, y al final los resultados, sin embargo, la disciplina no es suficiente, aquí la clave es que si no cambiamos nuestra mentalidad es imposible mantener mejores estándares.
Valores y cultura, el fundamento de Tu mentalidad
Vamos a analizar desde la base primero.
Cada uno tenemos una forma de ver la vida, de entender nuestra existencia, y esta se construye con:
- La tradición cultural del lugar en el que vivimos.
- La educación recibida en la familia y si es el caso, en la escuela.
- El momento histórico en el que nos ha tocado vivir.
- Las circunstancias biológicas, sociales y sicológicas por las que atravesamos.
Todos estos elementos, en algún momento nos crearon una serie de valores que se han arraigado en nuestro interior hasta convertirse en formas de ver la vida. Se ha creado una cultura individual y finalmente todo ello nos hace generar creencias.
Entonces, hemos desarrollado creencias o paradigmas que de alguna manera nos han conducido, el problema es que muchas de estas son “limitantes” y al final se improntan en el cerebro y se vuelven parte de nuestra mentalidad.
Ahí es donde identifico que todas las personas desarrollamos una mentalidad que hoy mueve todo nuestro actuar.
Como definición tomamos en OneSOUL a la mentalidad como una “actitud mental”, o la forma en cómo una persona interpreta el entorno o la realidad y a su vez enfoca la manera en cómo reacciona a estas realidades.
Entonces, si los resultados que hoy tenemos son producto de decisiones en el esquema antes mencionado, ¿de dónde vienen las decisiones? También de nuestra mentalidad.
Como ya lo analizamos, la mentalidad primero tiene un sustento en nuestra forma de ver la vida, pero directamente tiene un efecto en nuestras decisiones a través del desarrollo ahora de ciertas actitudes en el momento de la toma de decisión.
Analízalo. Hoy, por ejemplo, no te levantaste a hacer ejercicio, probablemente porque tu actitud no fue la más adecuada.
O por el contrario, tal vez sí te levantaste a hacerlo porque sencillamente tenías bien definido el objetivo y a pesar de las circunstancias dominaste tu actitud, tomaste la decisión, pero lo más importante fue que incidiste en un comportamiento inmediato: levantarte de la cama, y al final el resultado fue que iniciaste el día ejercitado, así de simple, así de sencillo.
La base que te hizo superar todo obstáculo fue una mentalidad fuerte, porque no estás atacando tu comportamiento negativo, sino ahora estás mentalizado en que si bien el esfuerzo físico es un sacrificio, tu mente está convencida de que esto es por un bien superior, que es tu bienestar y salud, y ahí es donde cambian las reglas del juego mental.
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