
Noemí Torres Moll es profesora y jinete aficionada y lleva toda la vida vinculada al mundo del caballo. Desde muy pequeña ha practicado disciplinas como la doma, el salto y el volteo, una base que ha marcado su forma de entender la hípica. Su relación con el caballo menorquín ha ido creciendo con los años hasta convertirse en una auténtica forma de vida, combinando la cría, el entrenamiento y la competición en doma clásica con una visión profundamente respetuosa hacia el animal y la tradición de la isla.
Para quienes no la conozcan, ¿cómo se describiría en pocas palabras?
Me considero una persona discreta, responsable y muy apasionada por lo que hago. Mi vínculo con el mundo del caballo no ha sido solo una afición, sino que con el tiempo se ha convertido en una parte esencial de mi manera de entender la vida.
Desde mi experiencia, trabajar con caballos te conecta profundamente con la naturaleza y con valores fundamentales como la paciencia, la disciplina y el compromiso. Convivir con ellos también te hace tomar una mayor conciencia de la vida, porque es un animal cuyo cuidado y bienestar dependen directamente de ti.
En su caso, ¿cuándo empezó esa pasión por los caballos y cómo fue evolucionando con los años?
Desde que tengo memoria siempre he querido tener un caballo. En Menorca es algo muy natural porque el caballo forma parte de nuestra cultura, de nuestras fiestas y de nuestro entorno.
Recuerdo que en mi niñez siempre buscaba la oportunidad de subirme a un caballo durante las fiestas e incluso recuerdo que tengo muchas fotos montada en la “somereta” de las fiestas cuando era muy pequeña. Ahora bien, realmente empecé a montar con unos cinco años con una burra, y a partir de ahí ya no me separé nunca de este mundo.
Con los años fui formándome en distintas disciplinas como la doma, el salto y el volteo, lo que me permitió entender el caballo desde diferentes perspectivas. Recuerdo la primera cría de nuestras yeguas “Caliu MT” como una experiencia muy especial. Lo viví con mucha ilusión y respeto. Fue el inicio de un proyecto muy bonito, siempre priorizando el bienestar animal y la calidad en la cría.

Usted también trabaja con caballos en otros ámbitos, por lo que conoce muy bien sus posibilidades. ¿Qué tiene de especial el caballo menorquín como raza?
El caballo menorquín es una raza muy versátil. Tiene un carácter muy noble y una gran capacidad de adaptación. Puede participar en fiestas tradicionales, competir en disciplinas ecuestres como la doma o simplemente ser un magnífico compañero para disfrutar de una excursión por el campo. Esa polivalencia es una de sus grandes virtudes.
Además, es un caballo que se deja montar por perfiles muy diferentes de jinetes, desde niños hasta personas mayores. Esa capacidad de adaptación refleja muy bien el carácter equilibrado que tiene la raza.
Con su trayectoria en distintas disciplinas ecuestres, ¿qué diferencia la doma clásica de la doma menorquina?
En el fondo, ambas disciplinas buscan esa conexión entre caballo y jinete, aunque desde enfoques diferentes.
La doma clásica tiene una base técnica muy estructurada y busca la armonía entre caballo y jinete a través de un trabajo progresivo y muy cuidadoso.
La doma menorquina, en cambio, tiene un origen más ligado a la tradición y a la historia de la isla: se dice que sus raíces se remontan a prácticas medievales vinculadas al ámbito militar, cuando el jinete debía manejar las riendas con una mano mientras sostenía un arma con la otra. Con el tiempo esa tradición evolucionó hasta convertirse en una forma muy característica de montar y de mostrar el caballo en Menorca.
La Asociación de Criadores y Propietarios de Caballos de Raza Menorquina impulsa ahora la Menorca Horse Week. ¿Qué objetivos se marcaron desde el inicio?
La organización de la Menorca Horse Week nace como una evolución natural tras más de 35 años de celebración del Concurso Morfológico del Caballo de Pura Raza Menorquina. Durante décadas este concurso ha sido el gran escaparate para mostrar nuestra raza de caballo; a partir de este año, el paso para transformar esta actividad en un evento internacional responde a la voluntad de dar un salto cualitativo en principalmente en proyección.
Cuando se tomó esta decisión desde el inicio, se plantearon varios objetivos: reforzar la proyección internacional del caballo menorquín, consolidar Menorca como destino ecuestre de referencia en el Mediterráneo y crear un evento capaz de atraer turismo de calidad vinculado al mundo del caballo, la cultura y la tradición.

¿Cómo se ha diseñado el evento para que el caballo menorquín sea el verdadero protagonista?
El caballo de pura raza menorquina está en el centro de toda la programación y es por ese motivo que el Concurso Morfológico continúa siendo el núcleo del evento. Esta parte irá ligada a muchas más actividades como exhibiciones funcionales, espectáculos ecuestres y acciones divulgativas que permitirán mostrar la raza desde diferentes perspectivas.
La idea es que el público conozca su morfologia y también su carácter, su funcionalidad y el vínculo cultural que mantiene con Menorca.
Más allá del ámbito ecuestre, ¿cómo se integra la identidad cultural de Menorca dentro del evento?
La Menorca Horse Week no quiere ser únicamente un evento ecuestre, sino también una experiencia cultural y un espacio de encuentro. El caballo menorquín está profundamente ligado a las tradiciones de la isla, especialmente a sus fiestas populares, y por eso se ha diseñado un programa que incorpora también elementos de la cultura local, la gastronomía y el patrimonio de Menorca.
El objetivo es que quienes nos visiten disfruten del espectáculo, pero que también puedan comprender la relación histórica entre la isla y el caballo, y se lleven una visión auténtica de nuestra cultura y nuestras tradiciones, una experiencia que realmente les deje huella.
Para terminar, ¿qué le gustaría que las nuevas generaciones sintieran al acercarse al caballo menorquín?
Me gustaría que las nuevas generaciones aprendieran a sentir y a querer el caballo. Más allá de la técnica o de la competición, lo verdaderamente importante es crear una conexión con el animal y entender lo que representa, tanto a nivel personal como dentro de nuestra cultura.
Si conseguimos transmitir ese respeto y esa sensibilidad hacia el caballo entre los jóvenes, no solo estaremos asegurando su futuro, sino también el de toda la tradición que lo rodea.

